El trabajo se desarrolló en cuatro etapas que duraron aproximadamente tres años, los estudiantes realizaron varias visitas a la institución, donde interactuaron con niños y docentes. A través de encuestas y observaciones, identificaron necesidades y ajustaron el diseño del mobiliario.
Los estudiantes se encargaron del proceso de fabricación, se incorporó acabados seguros para evitar daños a los niños, adaptando las dimensiones del mobiliario a la estatura de los estudiantes y al espacio del aula, para mejorar la comodidad y funcionalidad.
“Entregamos un aula completa que incluye alrededor de 40 sillas y escritorios. Las mesas cuentan con una función versátil: pueden voltearse y convertirse en bancas para los padres de familia, transformando el aula en un espacio de reunión”, explicó la doctora Ana López, docente de la carrera de Diseño Industrial.
El proyecto contó con el apoyo de la empresa privada CODISA, que aportó con la madera, y de la empresa Kiwi, que proporcionó tornillos y materiales de sujeción. El mobiliario fue trabajado en el taller de carpintería de la Dirección de Infraestructura de la UTA, en donde los estudiantes realizaron el ensamblaje y los acabados antes de su entrega.
Leslie Acosta, estudiante de octavo semestre de Diseño Industrial, señaló que este trabajo fue una experiencia innovadora y un reto importante, ya que no solo implicó diseñar, sino también crear un mobiliario funcional, seguro y útil para futuras generaciones. “Fue un trabajo colaborativo que combinó diseño, investigación y fabricación, para aportar soluciones y mejorar el entorno educativo de los pequeños”, concluyó.

Comentarios
Publicar un comentario